Pappardelle con oliva al ajo, alcaparrones y avellanas. Gluten free!

Pappardelle con oliva al ajo, alcaparrones y avellanas. Gluten  free!

Letras | Cocina

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Hallar en el mercado un pan sin gluten es una tarea –sino compleja– que puede causarnos un gran fastidio. Lo mismo nos sucede con las pastas. No soy celíaca, sin embargo, no me entiendo nada bien con el gluten, tampoco con la harina tradicional, pues sé del daño que, infelizmente, ocasionan en el organismo.

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Si usted es como yo, de los que hemos consumido gluten una buena y larga parte de nuestra vida y, en medio de esta otra parte hemos decidido dejarlo (o comenzar a evitarlo), entonces no será ajeno al deseo de disfrutar sin culpa y sin consecuencias adversas, un rico plato de pastas como solíamos hacerlo tiempo atrás. La memoria, así lo hablamos en el último post “Tentación de naranjas con crumble de avena”, guarda los sabores de la infancia, a pesar de que muchos de los platos que antes comíamos hayan caído hoy en desuso, y a pesar, también, de nuestros nuevos hábitos y preferencias.

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La memoria resuelve, decide, irrumpe a media mañana o a media tarde para inyectarnos un hambre furiosa de aquel plato de pastas que prepararemos en esta oportunidad sin gluten y de forma saludable. Por qué? Para darnos esa panzada en la que no dejamos de pensar desde que la memoria nos la puso en mente. Si bien una panzada no es una forma sana de comer (la palabra existe pues la busqué en el diccionario, y nada más preciso para definir una comida excesiva) al menos intentaremos nutrirnos con ingredientes beneficiosos para nuestra salud o, en este caso, extranutrirnos

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Mencionamos algunas de las propiedades del garbanzo cuando presentamos el Humus, recuerda? Solamente en lo que se refiere a su aspecto nutricional, podemos resumir que el garbanzo es un alimento muy rico en fibra y proteínas, además de aportarnos vitaminas, hierro, fósforo, magnesio, potasio, cinc, ácidos grasos poliinsaturados y calcio. Y en cuanto a sus propiedades organolépticas, el garbanzo es aceptado por el paladar de la mayoría de las personas, de sabor siempre agradable, y textura cremosa, nos aporta además una sensación de saciedad que nos tranquiliza por un buen rato o… hasta la próxima ocurrencia de nuestra querida memoria.

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La harina de garbanzo es un ingrediente interesante para panes, pastas y cualquier producto horneado, y aunque no nos brinde la elasticidad de otros tipos de harinas, especialmente por su falta de gluten, podemos ayudarnos usando una mínima cantidad de goma xántica (un carbohidrato, un polisacárido natural que se produce por la fermentación de la “Xantomonas Campestris”). Sirve para ligar y espesar salsas y dar esponjosidad y firmeza a los productos a base de harinas sin gluten. Su precio es relativamente elevado, pero se incluye una mínima cantidad en cada preparación y da excelentes resultados. Se consigue en dietéticas. Visite mi Facebook para más información.

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En la masa de nuestros pappardelle resaltan su sabor levemente terroso a garbanzo y su textura firme al primer mordisco y luego cremosa, irresistible en el interior. La acidez que necesitan y piden la toman de la alcaparra –alcaparrón en nuestra receta–, su sabor intenso, a mínima oliva, a sal y vinagre, a Mediterráneo, compensa el efecto mantecoso que nos deja el garbanzo en boca. También ají molido, perfume de ajo y pimienta, mucha pimienta, que de lo bueno y sano hay que servirse sin culpa. Todo vertido en un mar de aceite de oliva –extra virgen, faltaba más–, ningún otro medio líquido aportará como él su grandeza a este plato…

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Para terminar, zest de limón y avellanas tostadas (más ácido y un crujiente). Y usted me dice que aún se le antoja agregarle queso? En todo caso, espere. Al menos hasta el segundo bocado. Viaje con el primero y mastíquelo unos minutos antes de tragar, disocie los diversos sabores, las texturas desparejas, la cremosidad de la legumbre, la acidez de las alcaparras y del aceite de oliva que sube por los costados hasta casi tocar los ojos, el ají insolente y la pimienta que pican… Trague ahora, vuele, siéntase satisfecho y, entonces, si todavía lo cree necesario, use el queso, nada más un poco, no cubra el plato, no se prive de la sinfonía que acaba de servir en su mesa.

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Aquí los detalles.

Pappardelle con oliva al ajo, alcaparrones y avellanas. Gluten  free!

Ingredientes: (para 2 personas)
150 grs de harina de garbanzos***
40 grs de fécula de mandioca
1 cdta goma xántica
½ cda de sal marina
2 huevos
3 cdas de aceite de oliva extra virgen
2-3 cdas de agua ó c/n
harina de mijo c/n **** (o harina de garbanzo adicional)

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Para la oliva al ajo:
4 dientes de ajo
1 ½ cdtas de ají molido
100 grs de alcaparrones
40 grs de avellanas peladas y tostadas
60 ml de aceite de oliva extra virgen
sal marina y pimienta c/n
cáscara rallada de limón c/n
hojas de orégano fresco (opcional)

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Preparación:
Mezclar en un bowl los ingredientes secos: la harina de garbanzos, la fécula de mandioca y la goma xántica.
*** La harina de garbanzos se compra en las dietéticas. En todo caso se puede preparar en casa, procesando o pasando por molinillo de café los garbanzos crudos y secos. Y listo! (Le aconsejo cernir la harina antes de usar para eliminar cualquier partícula desagradable que haya podido quedar sin deshacer).
Hacer un hueco en el centro y agregar los huevos. Batir hasta romper la liga y añadirles el aceite de oliva y la sal. Seguir batiendo mientras comenzamos a incorporar de a poco los ingredientes secos.

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Si fuera necesario agregar un poco de agua, de a una cucharada a la vez (no necesitará más de 2 o 3 cucharadas, debe resultar una masa bastante firme).

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Dejar descansar cubierta con papel film durante 30-60 minutos.

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IMG_9304-RDividir la masa en dos mitades, esto facilitará el amasado y estirado. Yo lo hice manualmente, si usted tiene la máquina para hacer pasta úsela, por supuesto, ahorrará tiempo y trabajo. Si es de los míos deberá estirar la masa lo más fina posible, evitando que se rompa, con ayuda del agregado de harina de mijo durante el proceso.
**** La harina de mijo es facilísima de preparar. Se consigue, simplemente, pasando por procesadora o máquina de moler el mijo crudo pelado que se compra en cualquier dietética. Puede reemplazarla por cantidad necesaria adicional de harina de garbanzo.

IMG_9419Una vez bien estirados los dos bollos, los enrollamos como si fuéramos a preparar palmeritas y cortamos rodajas de 1 ó 1 ½ centímetros de espesor.

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Desenrollamos con las manos, espolvoreamos con otro poco de harina de mijo ó garbanzo para que no se peguen.

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Llevar a ebullición una generosa cantidad de agua. Cuando hierve, condimentarla con un puñado grande de sal marina. Verter los pappardelle con cuidado y cocinarlos durante 7-8 minutos o hasta que estén al dente pero cocidos en el interior (para esto deberá probarlos, no puedo darle el tiempo exacto, aquí la ciencia se vuelve experiencia…)

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Colarlos y volcarlos en el aceite aromático.
Servir y terminar con el zest de limón, abundante pimienta fresca molida, las avellanas tostadas, partidas groseramente y unas hojitas de orégano fresco si lo tuviera a mano.

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Para la oliva al ajo con alcaparrones y avellanas:
Disponer en una placa las avellanas y llevar a horno moderado durante 5 minutos para tostarlas. La piel comenzará a desprenderse sola. Volcarlas en un repasador y frotarlas para terminar de limpiarlas (puede hacerlo también utilizando un frasco de vidrio como lo hicimos con estos biscotti).
Cortarlas por la mitad con un cuchillo afilado. Reservar.

IMG_9463Disponer el aceite de oliva en una sartén y llevar a fuego bajo con el ajo cortado en finas rodajas. Cuando el ajo comienza a tostarse levemente apartar el aceite del fuego, retirar las rodajitas y descartarlas.

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Volver el aceite al fuego, añadir el ají molido, las alcaparras y cocinar durante 4-5 minutos, siempre a fuego bajo, para no quemar el aceite.

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Servir con los pappardelle (aunque combina muy bien con cualquier tipo de pasta larga).

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Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)

Tentación de naranjas con crumble de avena

Tentación de naranjas con crumble de avena

Letras | Cocina

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Mi postre preferido, me sugirió Guillermo para compartir en el blog, son las naranjas rellenas. Mi mamá las preparaba cuando era chico, dijo.

La mía también. Y la suya? Supongo que, como otras disciplinas o actividades, la cocina sigue la moda de un determinado tiempo y al tiempo siguiente, un plato o un modo de cocción pueden perder vigencia o parecer hasta cursis. La naranja rellena fue uno de esos platos. Postre de mi infancia, tal vez de la suya, hoy lo recordamos y presentamos a las generaciones más jóvenes porque algo que nos parecía tan rico probablemente pueda serlo aún, a pesar de que muchos de nuestros gustos y caprichos a la hora de comer hayan cambiado en los años siguientes.

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La versión de hoy, a diferencia de aquella que preparaba mi madre, no llevará lácteos y, en lugar de azúcar refinada, utilizaremos nuestra azúcar estrella: integral o mascabo. Este azúcar, de color caramelo, es proveniente de la primera prensada de la caña de azúcar sin procesar ni refinar. Es decir, azúcar en su estado más puro, una fuente de energía y sabor sin refinamiento ni aditivos. Martín Martínez, socio gerente de nuestra empresa proveedora de mascabo, Tierra Fértil SRL, nos lo explica: “La caña se limpia con una hidro-lavadora, luego pasa al trapiche, un molino con rodillos que la prensa y extrae su jugo, el cual representa el 50% de su composición. Tras su drenaje y filtrado este jugo se cuece durante 3 y ½ horas hasta que evapora la mayor cantidad de su agua. La masa resultante seguirá secándose en la batidora hasta formarse el azúcar”.

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De sabor ahumado y textura húmeda y apelmazada, basta tocarla para darnos cuenta de que es muy pegajosa, esto se debe a la presencia aún de la melaza de la caña en sus cristales. Por ello es rica en nutrientes, contiene un 95% de hidratos de carbono y nos aporta vitaminas del tipo B (B1 y B2) y altos contenidos de Vitamina A.

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La sustancia que hoy, en cambio, conocemos como azúcar, poco tiene que ver con la planta original. Se trata sólo de sacarosa pura, privada de impurezas, vitaminas, minerales, enzimas y de todo elemento vital. De allí que nuestro cuerpo se vea obligado a ceder reservas propias de estas vitaminas, enzimas y minerales para poder asimilar la sacarosa; con la consiguiente alteración del metabolismo y funciones normales de los órganos que pierden dichos nutrientes, así como el alto riesgo de contraer enfermedades. Además, el blanqueo y pulido del azúcar blanco requiere de algunas sustancias químicas como el ácido fosfórico (usado en la industria como corrosivo), de efectos también perjudiciales para la salud.

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El azúcar blanco, como antes mis naranjas rellenas, está pasado de moda. Qué le parece descubrir, beneficiándonos, las nuevas corrientes de la alimentación saludable? Sus productos integrales y alternativos, y la contribución que con este tipo de consumo podemos brindarle a nuestro medio ambiente… El azúcar mascabo, de color marrón, sí señor, tiñe las preparaciones. Se acuerda cuando el pelo rubio era magnífico y sinónimo de belleza? Pues ya no lo es. Al menos no con aquel furor de entonces. No se preocupe por el color. Al primer bocado creerá que está bailando con la rubia más hermosa y divinamente teñida que haya llevado jamás entre sus brazos… Anímese con el mascabo! Y después cuénteme!

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Tentación de naranjas con crumble de avena
Delicioso postre con azúcar mascabo, libre de lácteos.

Ingredientes:
1 litro de jugo de naranja
180 grs de azúcar mascabo
60 grs de fécula de maíz
3 yemas
1 cdta de extracto de vainilla
2 cdas de aceita de oliva extra virgen

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Para el crumble de avena:
100 grs de avena arrollada
30 grs de azúcar mascabo
3 cdas de aceite de oliva extra virgen
ralladura de la cáscara de 1/2 naranja

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Preparación:
Exprimir las naranjas necesarias para obtener 1 litro de jugo (6-7 unidades dependiendo del tamaño de la fruta). Colar y rectificar la cantidad (la medida del jugo colado, al perder algunas de las partículas de la pulpa de la naranja, suele ser menor a la del jugo sin colar). Reservar.

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Batir las yemas con el azúcar mascabo, con batidor manual hasta formar una crema liviana, si fuera necesario agregar un poco del jugo de naranja.

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Añadir la cucharadita de extracto de vainilla.

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Disolver la fécula de maíz con una taza de jugo de naranja, revolver hasta romper sus grumos. Colar y verter sobre la mezcla de yemas y azúcar mascabo.

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Agregar, por último, el jugo de naranja. Colar toda la preparación y volcarla en una cacerola. Cocinar a fuego moderado revolviendo con cuchara de madera. Cuando comienza a espesar, bajar la llama y seguir cocinando durante 5-6 minutos más.

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Retirar del fuego y añadir el aceite de oliva, esto ayudará a resaltar y mantener el brillo del postre por más tiempo.

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Servir en copas individuales, o si quisiera presentarlo como lo hacía mi madre, la de Guillermo y otras madres de aquella época, en los cuencos de las cáscaras de las naranjas exprimidas, espolvorear encima el crumble de avena y terminar con cascaritas de naranja rallada.

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IMG_9021Para el crumble de avena:
Disponer en placa para horno la avena arrollada, el azúcar mascabo y la cáscara rallada de la naranja. Mezclar con las manos o con dos cucharas. Agregar el aceite de oliva y trabajar la preparación con las manos hasta incorporar el aceite lo más uniformemente posible. Llevar a horno moderado durante 10-15 minutos, revolviendo cada 3-4 minutos para que no se queme. Cuando alcance un color dorado y la textura de la avena cambie de tierna a crocante, retirar del horno y dejar enfriar.

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Servir sobre el postre de naranjas y llevar en recipiente aparte a la mesa para que cada quien lo disfrute a gusto.

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IMG_9085Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)

De México: mole poblano. Pollo, chile y chocolate

De México: mole poblano. Pollo, chile y chocolate

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Por qué la idea de presentar un mole? Me preguntaron. Pues nada más romántico que guisar con tiempo, nada más sensual que trabajar el chocolate y, difícilmente, pocos platos o recetas puedan transmitir, como el mole, las características del término complejidad en la cocina, visto como el proceso que ocurre desde el primer momento de su elaboración y culmina en el gozo último de un bocado casi magnífico, fugaz como no debiera serlo… Cuánto podría costarnos la potestad para alargar ese éxtasis? Cuánto pagaría usted?

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Es así como una tarea compleja se convierte, al final, en un lujo simple como cualquier otro que llega a nuestra boca subido a un tenedor o a una cuchara. Toda comida nos privilegia. Ninguna preparación se dirá que es ardua si anticipa, en colores y aromas, un recreo adorable entre los dientes, una invitación personal para bajarnos del mundo, como decía una amiga muy querida, cuando las obligaciones u ocupaciones nos aprietan la cintura…

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Quién recordará el proceso cuando la boca se nos llene de luz? Usted? No cuente conmigo para lamentarse, yo estaré en la luna de Valencia, mi sitio preferido, limpiando con alguna servilleta el chocolate de los labios, con ojos entreabiertos, durmiendo el suspiro indecible que exhala el sabor y la paz que toda buena preparación, como la de hoy, es capaz de brindarnos con tal abundancia.

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La receta viene de México, como la querida amiga Susie, quien tuvo la gentileza de hacérmela llegar unos días atrás, y a quien conocí, hace pocos años, en la ciudad de Florencia, en un viaje de trabajo. Desde ahí nos escribimos, cada una cuenta sus cosas y las dos suspiramos juntas, en los finales de carta, por esa Italia adonde siempre quisiéramos volver… Dice Susie que el mole poblano, originario de la ciudad de Puebla, es la comida de las celebraciones: Navidad, Pascua, bodas, cumpleaños, fiestas patrias, bautismos…

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Sí, recuerda usted “Como agua para chocolate”? El libro, luego película, de la escritora mexicana Laura Esquivel, en la que Tita enamora a Pedro a través de su cocina y, precisamente para un bautismo, guisa su mole de guajolote (pavo) con almendra y ajonjolí? Exquisito relato: “…Tita, de rodillas, inclinada sobre el metate (mortero), se movía rítmica y cadenciosamente mientras molía las almendras y el ajonjolí. Bajo su blusa sus senos se meneaban libremente pues ella nunca usó sostén alguno. De su cuello escurrían gotas de sudor…”
Se imagina la cara de Pedro cuando halló a Tita en aquella postura? Moler, tostar, guisar, revolver por largo tiempo, derretir… Verbos sugestivos, dulzones, comestibles, capaces de adaptarse a cualquier idílica postura… De alto riesgo sensual y también, claro, carnal…   Por eso, este mole, mi querido lector, es un poema. Me dirá usted que de otro siglo, que ya no hay valientes para tomar la cuchara y mover durante una hora lo que costó otra más prepararlo. Que la vida ha cambiado…

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Míreme! Y permítame explicarle que somos varios. Lo desafío, entonces, a tomar su propia cuchara. Si lo hace y cocina este mole, coméntelo aquí y envíeme una foto. Yo le mandaré, a cambio, la cuchara de cocinayletras, artesanal y chilena como buena parte de mi corazón. Cerramos el trato?

De México: mole poblano. Pollo, chile y chocolate
Versión adaptada a la cocina saludable de cocinayletras y a los ingredientes disponibles

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Ingredientes: (para aproximadamente 1 kg de mole terminado)

Para el pollo pochado:
1 pechuga de pollo deshuesada y sin piel por persona ó
2 piezas de muslo por persona
agua c/n
un puñado generoso de sal marina
6 granos de pimienta
2 hojas de laurel seco
3 ramitas cortas de romero fresco
3-4 zanahorias pequeñas
4 tallos de apio

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Para el mole:
80 grs de ají panca ***
100 grs de chocolate amargo
80 grs de almendras
40 grs de nueces
80 grs de sésamo integral
50 ml de aceite de oliva
5 cucharadas de azúcar mascabo
3 clavos de olor
5 granos de pimienta
1/3 cdta de semillas de anís
½ rama de canela 1 pizca generosa de sal
*** El ají panca reemplaza los chiles mulato, ancho y pasilla que incluye la receta original del mole. En Buenos Aires, el ingrediente más cercano a estos chiles es el ají panca, de origen andino y similar al pasilla, a la venta en el mercado andino del barrio de Liniers. Si lo encuentra en otro sitio deje su comentario para ampliar la información. Gracias!

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Preparación del pollo pochado:
Llevar el agua a ebullición en una olla, la cantidad necesaria como para cubrir las piezas de pollo que desea pochar (2-3 litros). Agregar los tallos de apio, algunas de sus hojas, las zanahorias peladas y cortadas en trozos o verticalmente para que suelten todo su sabor, la pimienta y la sal, y las hojas aromáticas. Hervir durante 8-10 minutos, luego bajar el fuego a mínimo.

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Cuando ya no se vean burbujas en el caldo sino un leve temblor en la superficie, agregar las piezas de pollo, tapar y cocinar a fuego bajo durante 8-10 minutos (siempre por debajo del punto de ebullición para que la carne no se endurezca). Apagar el fuego y dejar que el pollo continúe cocinándose en el caldo, sin quitar la tapa, durante 40 minutos. Colar y reservar el caldo.

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Preparación del mole:
Cortar los cabos de los ajíes, abrirlos y quitarles semillas y venas, cortarlos en trozos y tostarlos en el horno, apenas unos minutos, con un poco de aceite de oliva. Cuidar que no se quemen.

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Volcarlos en un bowl y cubrirlos con agua caliente. Dejarlos en remojo durante 1 hora o hasta que ablanden.

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Tostar en una sartén a fuego moderado los granos de pimienta, la vara de canela, las semillas de anís y los clavos. Triturar en molinillo y reservar.

IMG_8544-BRTostar en la misma sartén las semillas de sésamo, reservar 3-4 cucharadas para decorar y moler el resto en molinillo. Mezclar con las especias.

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Colocar en la sartén un fondo de aceite de oliva y saltear la cebolla y el ajo, ambos picados finos. Agregar una pizca de sal y cocer hasta que luzcan transparentes. Reservar en bowl aparte.

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Continuando con la misma sartén, saltear las pasas de uva. Agregarlas a la cebolla. Saltear también las almendras y las nueces. Añadirlas a la preparación de la cebolla y pasas.

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Triturar en licuadora los ajíes con parte del agua de remojo.

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Verter la preparación en una cacerola de paredes altas, pues salpica bastante.

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Triturar en licuadora la mezcla de almendras, cebollas, pasas y nueces agregando parte del caldo de pollo a que quede (como dice Susie) una pasta preferentemente líquida.

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Agregar esta mezcla a la pasta de ajíes, mezclar. Añadir luego el sésamo triturado con las especias. Revolver y cocinar durante 5 minutos.

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Agregar el chocolate en trozos, el aceite de oliva, el azúcar mascabo y cocinar durante 30-35 minutos más revolviendo con frecuencia, a que espese.

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IMG_8676BRServir sobre el pollo y espolvorear encima las semillas de sésamo tostado.

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Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)

Crocante de semillas y miel

Crocante de semillas y miel

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Para morder un bocado dulce, hay veces que con poco recorremos tanto… Resolver ese antojo en minutos (pequeño capricho, imprevista ansiedad o como usted prefiera darle nombre), es un gran beneficio para quienes amamos el sabor dulce y no estamos dispuestos a dar rienda suelta a nuestra noble adicción en cualquier negocio, frente a góndolas coloridas de productos procesados que saben a todo y nada. Mejor casero, siempre, mejor métase a la cocina, que en diez o quince minutos solucionamos este vilo en que nos mantiene momentáneamente el deseo.

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La palabra crocante es sonora, hermosa, musical. Promete y garantiza aquello que anuncia. Y lo cumple. A reconocer la naturaleza de su composición me enseñó Elba, y antes de mis veinte años (los cuales jamás sabrá usted cuánto hace que ocurrieron) había desarrollado, como ella, la ineludible necesidad de encontrarla en mis comidas. Elba tomaba el té con galletitas y algún dulce, y se deleitaba mordiendo –primero con la punta de los dientes– ese pequeño objeto con forma que exigía algo más de acción que un mero pasaje por el paladar y un tragar como si nada. Acá, señor, había que batallar un poco. Masticar, morder, triturar, poner a trabajar la dentadura completa, y hasta no moler la última partícula crujiente, se aguantaba el trago, se demoraba el placer final de engullirlo y, con ello, la total liberación del gusto, esa bala efervescente que alcanza súbito el cerebro y nos deja estómago y espíritu complacidos. Si agrega un factor crocante a sus platos, créame, no sólo hallará diversión o un ejercicio saludable para su dentadura, descubrirá sabores sugestivos, que añadirán un matiz particular, diverso según el ingrediente que elija: semillas, frutos secos, hojas verdes bien firmes, hojas de endivia o radicchio, croutons integrales, snacks de legumbres horneadas, etc.

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Sobre las semillas de sésamo nos detendremos en una próxima ocasión, pues sus múltiples propiedades y beneficios, además de sus usos, ameritan una entrada en exclusiva. Le adelanto una recomendación válida: consúmalas! Constituyen un milagro alimenticio que aporta hierro, proteínas, calcio, zinc y fibra. Estimulan la digestión, refuerzan la inmunidad natural, contribuyen a reducir el nivel de colesterol sanguíneo. La lista continúa… Le propongo la relectura de Repollitos de Bruselas con girasol picante de semanas atrás, donde encontrará más detalles sobre los nutrientes igual de valiosos de las semillas de girasol.

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Quiero hablar un momento sobre la miel que acompaña nuestra receta del día, gentil aporte de la empresa Apidelta, de la ciudad de San Nicolás, provincia de Buenos Aires. Una empresa dedicada íntegramente a la apicultura, que produce y tipifica mieles de distintos sabores de acuerdo a su origen botánico: de trébol blanco, de alfalfa, naranjo, de sauce, caa-tay (hierba perenne acuática), eucaliptus, pradera. Y por cuanto exportan el 90% de su producción, basan el control de calidad en las normas más exigentes del mundo (códigos alimentarios de la Unión Europea, Japón y USA), a través de exigentes análisis llevados a cabo en laboratorios de última generación.

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Hoy utilicé miel de naranjo, de aroma floral intenso y sabor suave, ligeramente ácido, que potencia el efecto cítrico de la ralladura de limón y, asimismo, ambos tipos de acidez actuando juntos, reducen sutilmente el derroche de dulzura que plantea la miel dondequiera que se presenta. Gracias a Carlos y a los amigos de Apidelta por su exquisita participación en el blog.

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Repito, métase a la cocina, que en menos de media hora comemos un dulce casero, rico, crujiente, sano y hasta económico. Quiere pedirme más? Le dejo abajo la receta, no pretenda también que vaya a prepararla a su casa…

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Crocante de semillas y miel

Ingredientes:
100 grs de sésamo integral
100 grs de girasol pelado
100 grs de miel
50 grs de azúcar orgánico
ralladura de la cáscara de 2 limones

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Preparación:
Disponer en una sartén a fuego bajo las semillas de sésamo y las de girasol. Tostarlas durante unos minutos hasta que cambien ligeramente de color y comiencen a soltar su aroma (algunas semillas se abrirán y se oirán pequeños chasquidos). Revolver de vez en cuando para lograr un tostado parejo.

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Agregar la cáscara rallada de los dos limones y mezclar con las semillas.

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En una cacerola pequeña llevar a fuego moderado la miel y el azúcar. Apenas se derrita el azúcar bajar el fuego y continuar la cocción por 5-6 minutos a llama mínima (para no sobre calentar la miel) hasta que la preparación tome un tono levemente amarronado.

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Es ideal que tanto las semillas como la miel estén a temperatura similar al momento de unirlas, para no enfriar, de otro modo, el caramelo. Por eso, le sugiero realizar al mismo tiempo ambos pasos. Verter las semillas en el caramelo, revolver y seguir cocinando durante 6-8 minutos más, hasta que las semillas tomen un color decididamente tostado y el caramelo se reduzca casi por completo.

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Disponer en una placa untada con rocío vegetal o aceite de oliva o en plancha siliconada, si la tuviera.

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Esparcir y aplanar con el fondo de una cuchara untada en aceite (esto evitará que el crocante se pegue a la cuchara) hasta lograr el espesor deseado. Para una textura definitivamente crocante recomiendo una cubierta bien fina.

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ATENCIÓN:
Trabajar la preparación con mucho cuidado! El caramelo caliente puede causar quemaduras de importancia, por lo tanto no debe tocarse hasta que esté medianamente tibio.

Antes que el crocante se enfríe por completo, cortar con cortapastas o cuchillo o nada más romper con las manos y darle la forma y el tamaño que más le guste.

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Conservar en frascos herméticos. Cuánto tiempo? Eso deberá contármelo usted. Debo serle franca, en casa este crocante (en estas cantidades) no ha pasado más allá de 3 o 4 días sin desaparecer… Cuánto tiempo será usted capaz de resistir la tentación de terminarlos? Me lo cuenta?

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Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)