Letras | Cocina

Es mi primera receta de un pan dulce sin gluten. Luego de dos intentos surgió este pan fragante, esponjoso, con sabor a “fiestas” y alto cuanto quise. Una delicia!
Compartirles esta receta es mi regalo de Navidad. No deberías revelar todos tus secretos –me sugirió una persona refiriéndose a mi cocina. Cómo no hacerlo? –me pregunté y le respondí…
A qué fin sería útil un blog “de cocina” si no transmite con generosidad aquello que sucede en ella?
Este blog tiene un propósito y lo he dejado claro en muchas ocasiones. Vuelva a la cocina! O vaya por primera vez! Lo digo, lo escribo, y soy tan reiterativa como confiada en sostener que más temprano que tarde usted decida abrazar mi consejo.

Además de una alimentación más rica y saludable para su familia, en la cocina se componen de los recuerdos más dulces que sus hijos atesorarán de grandes. Depende de usted que tales recuerdos se originen hoy. Imprima en ellos y con ellos las imágenes que evocarán de adultos. De mi madre y en su cocina aprendí pródigamente el cariño, la sabiduría de las recetas “a ojo”, las recetas que preparó con su madre… y tantos panes dulces de Navidad!
Anímese con esta versión sin gluten. Se la propongo como invitación y desafío. No descuide la enorme virtud que anida en sus manos, no sólo aquella de preparar un pan dulce, sino más bien la de asumir seriamente la responsabilidad formidable de asegurar para sus hijos memorias que serán compañía, que los harán reír apenas evocándolas, que los harán adultos íntegros y plenos, o ayudarán, quizá, a mantenerlos más cerca de la honestidad y el cariño.
Nuestra harina multipropósito “cocinayletras” lo hará mucho más fácil. Repase aquí su elaboración y entonces sí, proceda con el pan dulce.
FELIZ NAVIDAD! Para usted y su familia!

Pan Dulce de Navidad con cubierta escarchada. Gluten free!
Ingredientes: (para un molde de pan dulce de ½ kg)
250 grs de harina multipropósito:
compuesta de:
63 grs de harina de arroz integral
63 grs de harina de mijo
63 grs de almidón de maíz
63 grs de fécula de mandioca
pizca de sal
¾ cdta. de goma xántica

1 huevo
70 grs de azúcar orgánico
60 ml de aceite de oliva
2 cdas de cáscara rallada de limón
1 cdta. de extracto de vainilla
150 grs de fruta abrillantada
25 grs de almendras
50 grs de pasas de uva
½ cda de almidón de maíz para las frutas
35 grs de levadura fresca + 1 cdta. de azúcar orgánico
75 ml de agua
75 ml de leche
Para la cubierta escarchada:
¼ taza de azúcar orgánico
unas gotas de jugo de limón exprimido
Preparación:
Untar con rocío vegetal o aceite de oliva el molde de pan dulce (se consiguen de papel y descartables en las dietéticas) y llevarlo al freezer o heladera hasta el momento de utilizar.
Disolver la levadura con el azúcar y un poco de la mezcla tibia de leche y agua. Dejar leudar.

Batir el huevo con el azúcar. Añadir el aceite de oliva, la cáscara de limón rallada y el extracto de vainilla.
Incorporar la levadura y por tandas la harina multipropósito, alternando con la mezcla de leche y agua.
Formar una masa blanda y dejar levar.
Mezclar las frutas secas con la maicena y añadirlas a la masa cuando haya casi duplicado su volumen.


Disponer la masa en el molde, tapar con film y un repasador y dejar levar en lugar seco y cálido (al menos una hora).

Llevar a horno moderado durante 30 minutos. Retirar y bañar con la cubierta escarchada. Continuar la cocción por 10 minutos más o hasta que insertando un palillo lo retiremos seco.
Retirar el pan dulce del horno y dejar enfriar antes de cortarlo o de quitarle el molde de papel.
Para la cubierta escarchada:
Mezclar el azúcar orgánico con el jugo de limón, debe quedar una mezcla densa, no líquida, casi una pasta.
Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)



Si se tienta con este pan de banana, no tiene por qué esperar diez días hasta que sus bananas maduren, estén bien negritas y doblemente dulces. Vaya a la cocina ahora, no se prive. Pele las bananas y píselas con tenedor. Con el agregado de una cucharada de miel resolverá la dulzura que falta y con un mínimo de tiempo y esfuerzo su pan de banana saldrá del horno envuelto en un milagro de aromas. Listo para comer!
La harina de trigo sarraceno la hemos utilizado con anterioridad, en nuestra 

Lavanda: planta mediterránea excepcional que nos brinda perfume, medicina y un delicioso sabor a nuestros platos. Perfuma ambientes, roperos, jabones, cremas corporales, productos para el cabello. Tomada como infusión, entre otros efectos, calma la indigestión y los estados nerviosos. Su aceite esencial sirve para curar heridas, para dar masajes con propiedades relajantes, como hidratante para la piel. Sus flores secas o frescas, parientes del tomillo y el romero, aportarán un sabor único a cualquier tipo de carnes, ensaladas, helados, tortas y budines, panes y galletas, o para aromatizar aceites de oliva, flores de sal, vinagres. Algo más sobre esta planta extraordinaria?? Anímese a incorporarla en su cocina.
Aquí mi receta.
Preparación:
Rallar las cáscaras de naranja y limón y aplastar con las manos las flores de lavanda para que suelten su aceite y su aroma. Reservar.
Batir en un bowl los huevos y el azúcar hasta blanquear. Incorporar en forma de hilo el aceite de oliva, y luego el extracto de vainilla, las ralladuras de cítricos y la lavanda.
Finalmente agregar los ingredientes secos en dos tandas, intercalando con el jugo de naranja, siempre terminando con los ingredientes secos.
Pisar las bananas hasta convertirlas en puré, con el añadido de un chorrito de jugo de limón para que no se oxiden. Incorporarlas a la preparación mezclando con cuidado.
Llevar a horno moderado durante 35 minutos, o hasta que pinchando con un palillo lo retiremos limpio.
Dejar enfriar, desmoldar y servir con cascaritas de naranja en almíbar
Marisa Bergamasco


Un bizcocho dulce, húmedo y tierno, embebido en un almíbar robusto de cáscaras de naranjas en hilo y con el aporte crujiente de pistachos sobre la superficie. Prometedor? Adorable!
Incluidos los pistachos, las almendras, los dátiles, la miel o la canela, el limón, el azahar o la vainilla dentro de la gastronomía dulce. Alguien es capaz de resistir la tentación de un dulce frente a sus ojos cuyo protagonista –o alguno de ellos– sea un fruto seco? Es imprescindible que lo comamos, engullirlo mejor diría, y recién al segundo o tercer bocado, pasada la euforia del entusiasmo inicial, comenzar a percibir la fiesta, completa y redonda, que el paladar acusará a gritos.
Para eliminar el gluten que contiene esta receta reemplacé la harina de sémola por una combinación medida de harina de maíz y de sorgo, coco rallado y fécula de mandioca, para lograr una masa tierna, que se deshace con sólo mirarla, y nos deja en boca el milagro de su paso suave y amoroso.
Colabora en su resultado aireado la incorporación oportuna de la leche ácida, debido a su nivel alto de PH ácido, que produce una elevación más grande en volumen de la masa que si usáramos simplemente el polvo de hornear para este fin.
Debido a la baja digestibilidad de la leche, en especial la de la vaca, sugiero usar la leche de cabra o, para una opción cien por ciento natural, cualquier leche alternativa de las llamadas “vegetales”.

Para la leche ácida:
Preparación:
Para el almíbar colocar el azúcar, la miel, la cáscara de naranja en hilo y el agua en una cacerolita.
Llevar a fuego alto hasta que se derrita el azúcar y luego cocinar durante 8-10 minutos a fuego bajo hasta que espese levemente.
Retirar del fuego y dejar enfriar. Colar y reservar aparte las cáscaras de naranja en hilo.
Unir en un bowl la harina de maíz, sorgo, fécula de mandioca, el coco rallado, el polvo de hornear y la pizca de sal. Reservar.
Añadir los ingredientes secos a los húmedos en dos tandas, intercalando con la leche ácida.
Cocinar en horno moderado durante 20-25 minutos, retirar, practicar los cortes que habíamos marcado previamente y bañar con parte del almíbar.
Llevar la torta al horno y terminar de cocinar hasta que la superficie se vea dorada.




Por qué el privilegio se multiplica?
Una torta se nos ofrece, generosa, para borrarnos la adversidad, la mala suerte, el dolor, la molestia, el percance. Una buena torta se traga despacio, muy lentamente, igual que un beso: a ojos cerrados. Y al abrirlos, no sólo el gusto cubrirá el dulce, también el aire, la soledad o la compañía, el pedacito de vida que nos ocupa.
El otoño nos brinda peras, manzanas, cítricos. Aprovecharlos es una decisión atinada que traerá a nuestra cocina verdura y fruta fresca y, en general, más económica. La pera es una fruta ligera, de fácil digestión, rica y con numerosas propiedades nutricionales. Presenta un alto contenido en fibra, es diurética, antioxidante, más de un 80 % de su peso es agua y está prácticamente libre de grasas.
Se acomoda sin pretensiones a un sinfín de recetas distintas. Al contacto con el azúcar libera el jugo de su pulpa y forma una especie de néctar, espeso y sedoso, que será bien recibido siempre que caiga en una torta, en todo tipo de carnes, sobre quesos y bruschettas, con frutas y vegetales asados, en ensaladas tibias o frías, en mermeladas, salsas, chutneys.
Desde el fondo de nuestra torta este jugo salta hacia arriba expulsado por el calor. Allí lo recibe la masa, lo envuelve y distribuye a su antojo, lo hace amigo del aceite de coco, de la amapola y del jugo de naranja. Se imagina el final de este cuento?
Aquí la receta. 








Por último incorporar los ingredientes secos en dos tandas, añadiendo el jugo de naranja entre una y otra.



Llevar a horno moderado durante 50-55 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y la torta se sienta firme al tacto.
Retirar del horno, dejar enfriar unos minutos y desmoldar. Agregar más peras sobre la superficie si fuera necesario.
Para la compota de peras:
