Letras | Cocina

El chocolate caliente es una bebida con historia, sagrada en ciertas épocas, de elite en otras, popular con el correr del tiempo y siempre, siempre, fascinante.

Desde aquel líquido picante y bastante amargo que preparaban los aztecas, o el posterior chocolate dulce que difundieron los españoles en Europa, al chocolate que hallamos hoy en casi cualquier rincón del Universo, han pasado años, más de miles, un gran número de civilizaciones y culturas, ha cambiado el clima, la economía, los gustos y, pese a todo, el chocolate, en sus múltiples versiones, sigue vivo. Y muy vivo!



Un dato curioso. Luego de la entrada de Hernán Cortés en México –atraído por el valor alimentario y monetario que le daban los aztecas al chocolate –, se sabe que fueron las órdenes religiosas las encargadas de promover su consumo en el resto de Europa y Occidente. En un principio, considerado como una medicina, se lo tomaba sólo para paliar la debilidad orgánica y el hambre, pero muy rápidamente (los motivos están demás) se convirtió en una adicción, que tomaban todos y a toda hora, hasta que la iglesia, la misma que lo había introducido, debió intervenir para frenar tantos excesos.
Comprensible? No podía ser de otro modo. El cacao es un fruto y, como tal, contiene los mismos nutrientes sanos de otros alimentos vegetales, entre ellos minerales y antioxidantes pero, también, un número elocuente de compuestos químicos orgánicos, un conjunto de neurotransmisores que actúan como antidepresivos, reduciendo el dolor y el estrés y generando un estado de bienestar emocional.
Creo, sin embargo, que la razón decisiva por la que muchos de nosotros comemos chocolate es por su exquisito sabor, es un alimento rico, que nos provoca, al derretirse, una sensación cercana al gozo inmenso, y que estimula todos los centros del apetito y del placer del cerebro.

Hoy, una versión con especias y un tono cítrico de mandarina. Endulzado con azúcar mascabo, saludable e integral, para proteger aquellos beneficios que nos aportará en la bebida el chocolate.
Chocolate caliente a la mandarina, con azúcar mascabo y especias
Ingredientes: (4 tazas de 200 ml c/u)
500 ml de agua
200 ml de leche vegetal o de cabra (mayor digestibilidad)
6 cdas. de cacao amargo
8 cdas. de azúcar mascabo
3 cdas. de almidón de maíz cáscara de 2 mandarinas pequeñas
¼ cdta. de cardamomo molido
¼ cdta. de canela en polvo
¼ cdta. de clavo de olor molido
1 cdta. de extracto de vainilla




Preparación:
Verter en un jarro apto para el fuego el agua y la leche, y disolver la maicena en este líquido frío. Añadir el azúcar mascabo, el cacao, las especias (menos la vainilla) y la cáscara de mandarina.


Mezclar bien y llevar a fuego medio revolviendo para que no se peguen el azúcar o la maicena en el fondo del jarro.
Cocinar hasta que comienza a espesar, evitando que hierva para no alterar el sabor de la preparación.
Retirar del fuego, quitar la cáscara de las mandarinas y añadir el extracto de vainilla. Mezclar.
Servir caliente!
Marisa Bergamasco
(Aficionada a la escritura, al buen cocinar y al buen comer y a los buenos y grandes cariños, de profesión agente de viajes, soñadora de vocación, por siempre…)







Vamos al paso a paso. Encienda el horno y llene su casa con el aroma de estos scones etéreos apenas amasados y horneados, con la presencia del azafrán y el limón, con la dulzura que nos urge. No se prive, ni prive a los suyos.

Preparación:


Añadir el aceite de oliva sólido y formar un arenado con la ayuda de un tenedor y luego las manos.
Batir el huevo y mezclar la mitad con la leche. Añadir a los ingredientes secos.
Unir la masa y estirar con palote. Realizar un doblez y cortar los scones del tamaño deseado. Pintar con el resto del huevo batido y espolvorear con el azúcar de azafrán.



Marisa Bergamasco

Surgida de la urgencia de retener los días cálidos, de expulsar las sensaciones del frío que asoman con prisa en la piel pinchando como agujitas, urdí un plan para estirar el calor y vivir en él durante algunos días más. Cocino con los últimos indicios que ha dejado el verano en las góndolas, hasta que ya no los veamos…
Empeñada, ya lo dije, en atrapar ese sol en mi torta –y luego de dos intentos en los que el sabor del mango se podía advertir aunque muy sutilmente–, la querida 





Preparación:
Para la torta de mango:
Agregar el aceite de oliva en forma de hilo sin dejar de batir y luego la esencia de vainilla y el puré de mango cocido.
Volcar en el molde y llevar a horno precalentado a temperatura moderada.

Para la cubierta de maracuyá:
Bajar el fuego y agregar la cucharada de harina de maíz previamente disuelta en un poquito de agua. Continuar la cocción durante 1-2 minutos a fuego mínimo hasta que espese levemente. Retirar del fuego y dejar enfriar.
Cuando la torta esté tibia, desmoldar y volcar la cubierta de maracuyá sobre la superficie, o cubrirla totalmente con ella. Conservar en la heladera y servirla fría. Acompañar con el resto de la emulsión de maracuyá.



Si debo elegir uno, no dudo en comprar el de cabra. Lo prefiero por su sabor, ácido a veces, pungente, vigoroso, siempre intenso y temperamental. Rara vez será un queso que pasará inadvertido en su mesa. Y luego, porque es más saludable. Proviene de la leche de cabra que, por su configuración química, es menos compleja de digerir y asimilar que la de vaca.
La leche de vaca, después de ser homogeneizada y pasteurizada, cambia su estructura natural convirtiendo la grasa que contiene en esferas casi microscópicas, que pasan sin ser digeridas directamente al estómago e intestinos, lastimando así las paredes del órgano en donde van acumulándose, flotando libremente en la sangre y en nuestro sistema linfático. La leche de cabra, en cambio, por situarse al margen de los procesos de producción en masa, prácticamente no sufre estos tratos de presión externa ni recibe hormonas de crecimiento.
Vamos al paso a paso, un método simple y con pocos ingredientes para lograr una ricotta fresca y crocante. La costra exterior, de pistachos 

Para la costra de pistacho, pimienta y flor de sal:
Preparación:
Mientras tanto, disponer un colador reforzado con un lienzo sobre un recipiente vacío. Volcar la leche aún caliente sobre el colador y dejar filtrando durante 1 hora. Para una ricotta más firme prolongar el filtrado por una hora más.
Estrujar con fuerza el lienzo, para eliminar la mayor cantidad posible de suero. Retirar la ricotta.

Acomodarla sobre un papel film y formar, amasando, un cilindro. Envolver en el papel y refrigerar por 1 hora hasta que gane consistencia.
Para la costra de pistacho, pimienta y flor de sal:
Cuando estén ligeramente dorados y comiencen a soltar su aroma, añadir el jugo de limón, el agua y, de inmediato, la sal y la pimienta, revolviendo con cuchara de madera hasta amalgamar los ingredientes. Volver al fuego. Tapar y seguir cocinando, sin dejar de revolver cada minuto, hasta que el líquido evapore y los pistachos estén bien sequitos.

Servir con higos, uvas, más pistachos y un poco de miel. Sobre una tostada, una hoja de endivia, desgranado en una ensalada, o como más le guste!!!

Marisa Bergamasco

Con sólo tres ingredientes y muy poco esfuerzo, esta mermelada de tomates estará lista en menos de una hora. Fantástico!


Después de introducirles, hace poco, al hermoso
Al tratarse de un tomate de muy buena calidad y de reciente incorporación, puede que el Kumato no esté disponible a la vuelta de cualquier esquina, en cambio y seguramente, será posible adquirirlo en negocios más selectos. No dudo de que en su propia huerta, si tiene la dicha de conducir una, cosechará usted tomates cien por ciento orgánicos, jugosos y dulces y con real sabor a tomate. Estas variedades nuevas, sobre cuya producción industrial ha surgido más de una crítica, apuntan, por primera vez, a recuperar el sabor original casi olvidado de este fruto que gusta a todos.
No hay quien se oponga a un tomate servido en su plato, ni siquiera aquel que desdeña el gran conjunto –para mí feliz– de frutas y verduras. El tomate es un buen amigo, es popular y es asequible. Comúnmente consumido en ensaladas y también en salsas, y mucho menos a la hora del postre o del desayuno para cubrir un pan. Hoy, a fuego lento, con 





Continuar la cocción hasta que reduzca el líquido y la preparación espese, 50-55 minutos en total desde el inicio.
Envasar en caliente en frascos limpios, invertir los frascos para sellar bien las tapas y dejar enfriar. Servir sobre una tostada, con queso de cabra o el queso de su preferencia, o acérquese directamente al frasco, con cucharita.
Marisa Bergamasco